14 de agosto de 2026

El mago (re-edit)

Enlutada noche de silencioso tormento
Transitando en quiméricos sueños 
Luna, eterna compañía de radiante figura
llora a su lado; hijo y madre

Arcano de caminos y proyectos, nuevos inicios en viejos caminos
Conocedores, se desgarran con lágrimas de sangre
carentes de voluntad y con inhumana 
tendencia hacia lo destructivo

Levanta el vuelo rumbo a mejor hogar
Más paso seguro has de mostrar
la duda, el engaño y las falsas promesas
la ruina traerán  

Conocedor de esferas superiores, 
Invasor del cielo, y a su vez, acólito del averno,
Recibes castigo con una sonrisa pintada
Oculta tu tristeza bajo la máscara
Ojos oscuros miran el infinito
Heridas del pasado
Asolan tu destino.

El cadáver de tu amante, en tu corazón
lluvia y espina de besos inmortales
un paso a la vez, un paso a la tumba
Los muertos, muertos están, y tú, tu camino seguirás
En algún lugar nos volveremos a encontrar
Y te dejarás embriagar por sus ojos.

Ilumina tus alas
Vuela lejos.
El viaje inicia, la rueda gira 
El destino algún día te alcanzará
Pero
no hoy.

11 de agosto de 2026

[ARK-NET OPERATIVE DATAPAD v9.4] - RESTRICTED ACCESS

 


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[ARK-NET OPERATIVE DATAPAD v9.4] - RESTRICTED ACCESS

DIVISION: ARK GEN-SYS (GENETICS & ASSISTED EVOLUTION)

ENCRYPTION: QUANTUM LEVEL 4 // DECRYPTED FOR SGT. JAEGER

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📁 SUBJECT DIRECTORY: MUTANT_REGISTRY_ALPHA

📄 FILE: SYS-MUTA-404-KNIVES.TXT

STATUS: WANTED // UNDER SYSTEM SEARCH // TERMINATION AUTHORIZED (RANK C-)

        UNDER INVESTIGATION // HIGH-RISK SUBJECT // NIGHT CLUB COMPLEX SURVEILLANCE


[ BIO-SPECS ]---------------------------------------------------------------------------

NAME: Unknow

ALIAS: "Knifes"

LAST DETECTED LOCATION: Special District Ereshkigal (Mega-Club Platforms)

THREAT LEVEL: CRITICAL (Close Quarters Combat Class I)


[ 🧬 GEN-SYS LABORATORY REPORT ]--------------------------------------------------------


>> KINETIC AERODYNAMICS (AIR BLADES):

The subject's extremities manifest a radical alteration in the exocrine system. The sweat 

glands and epidermal pores do not secrete fluids, but rather a dense, high-pressure gas.


>> THE "AIR BLADE" EFFECT:

When moving his arms or legs at high speed, the nervous system induces a kinetic micro-

acceleration. This process traps the ambient air, compressing it around the dermis in a 

closed, hyper-fast circuit. It operates with the physics of an industrial water jet cutter 

or cold plasma; it cleanly slices through biological tissue, concrete, and armored ARK Aegis 

alloys via pure friction, negating the need for conventional physical strength.


[ ACCELERATED OSTEOGENESIS: REINFORCED BONE BLADES ]---------------------------------


    [ MODIFIED BONE MARROW ] === (High-Density Calcium + Collagen) ===> [ HYPERDEVELOPMENT ]


             |                                                              |

       Neural Stimulus   ======> Dermal Tear & Rupture ======> Bone Daggers (Hardness > Diamond)


>> PHYSIOLOGICAL MECHANISM:

His endocrine system produces calcium and collagen with a modified molecular density at critical 

speed. The subject exerts voluntary control over his skeletal structure, inducing focused bone 

hyperdevelopment in the forearms, knuckles, and shins.


>> MECHANICAL TRAUMA & HEALING FACTOR:

The bone sections grow internally until they pierce the muscle tissue and skin from within, 

emerging as translucent biological weapons. The process is visceral in nature and highly painful. 

Due to the constant destruction of his clothing and the need to optimize his accelerated (but limited) 

cellular healing factor, the subject shows an operative tendency to fight semi-naked.


>> THERMAL WEAR FACTOR (STATIC WEAKNESS):

Bone extrusion massively consumes the body's reserves of calcium, glucose, and iron. Prolonged 

abuse of this ability induces sudden anemia, extreme fatigue from metabolic collapse, and severe 

structural weakness in the rest of the skeleton, reducing his combat effectiveness to zero.


[  PMC FIELD DIRECTIVE // OBSERVED BEHAVIOR ]-----------------------------------------

* The subject uses his employment as a Go-Go Dancer and his hedonistic/promiscuous facade in 

  Ereshkigal as a suspicion buffer and psychological armor against the S.P.D.

* CAUTION: Maintain distance from his physical range of movement. Standard PMC Kevlar armor 

  offers no protection against his sharp air currents.

* Monitor post-combat fatigue signs (anemia) to proceed with biological capture vectors.


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[COMMAND]: ANCHOR TO SGT. JAEGER HUD  BLOCK PUBLIC TRACKING  EXECUTE UMBRA ALGORITHM

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10 de agosto de 2026

Los hijos de ARK 3

 


Knifes

 

El lugar estaba hasta el tope de gente; una voz por altavoz había anunciado “tercera llamada” y las luces habían disminuido; los murmullos se fueron apagando, después de una retahíla de aplausos.

O Fortuna velut luna statu variabilis, semper crescis aut decrescis; vita detestabilis nunc obdurat et tunc curat ludo mentis aciem egestatem, potestatem dissolvit ut glaciem.

El silencio se rompió de golpe, astillado por un trueno coral, al son de O Fortuna. Desde las sombras de los palcos Knifes se encontraba vigilando a su objetivo: un viejo gordo y pederasta, al que llevaba semanas siguiendo, un pez gordo del bajo mundo, bajo su camuflaje de empresario élite. Mientras la sala vibraba y retumbaba al son de los tambores y los coros, el hombre se levantó de su asiento y se deslizó entre el público hacia la oscuridad. Knife se incorporó, se ajustó su enorme abrigo de pelo sintético y salió en su búsqueda.

En el fondo, le alegraba salir del lugar. Siempre se sintió un extraño en esas aburridas reuniones llenas de caballeros con rígidos, asfixiantes trajes, todos en el mismo uniforme monocromático, y damas de escote entallado, peinados extravagantes, atiborradas de gemas y embadurnadas de polvo de maquillaje. Soportaba sus miradas críticas porque, desde luego, él destacaba como mosca en la sopa. Con su porte andrógino, sus botas negras de tacón alto, el intenso sombreado de ojos que daba profundidad abismal a su mirada. Llevaba uñas pintadas de negro, un crop top blanco con cuello en V y unos pantalones de cuero tan ajustados que le marcaban las nalgas. Sus únicos adornos eran el piercing de nariz, oídos y pezón, el tatuaje de una serpiente por arriba del ombligo y otros tantos que trepaban en los brazos.  

«¿Qué rumbo tomó ese cerdo?» Pensó al salir a los corredores, iluminados solo por unas horrendas luces led azules eléctricas. ARK había “renovado” ese viejo teatro colonial remplazando las pinturas, estatuas y la iluminación por estas aberraciones modernas, pantallas con su propaganda y luces led. Aunque esto le brindaba más oscuridad para actuar sigilosamente. El contraste de lo tecnológico con el viejo edificio le parecía de pésimo gusto, un aborto entre la estética colonial del siglo XVII y el minimalismo tecnológico actual. Recorrió los pasillos hasta bajar a la primera planta, justo cuando le vio atravesar la recepción con rumbo a un lateral del edificio, una puerta hacia los servicios y el sótano.

Trueno; vibración; el teatro entero retumba al compás de las varias tesituras del coro. Los cornos, trompetas, flautas y oboes realzaban la fuerza dramática del momento. Sin duda, perfecto para actuar con la distracción musical y el amparo del ruido. Se acercó sigilosamente al pasillo, donde se encontraban los servicios sanitarios para caballeros. Este mismo formaba una “L” con el otro que daba a la puerta del sótano: «vacío, hasta ahora todo bien». Aun con semejante abrigo, Knifes se mueve sigiloso como un gato. Al espiar por la esquina del último tramo del pasillo, encontró el primer escollo. Un guardia vigilaba el acceso al piso inferior, «Bien, hora de improvisar», sacó unos lentes de sol, grandes de montura cuadrada, demasiado grandes y demasiado rosas, se los puso y salió del pasillo rumbo al guardia, caminando con un contoneo exagerado y un brazo apoyado en la cintura. El hombretón se percató de su presencia.

—¡Hola, grandote! —. Se acercó a él con una sonrisa. —Tu jefe solicitó mis servicios allá en el escenario, me dijo que “tenía algo especial para mí aquí abajo”

Mientras lo decía, su voz se volvió infantil. Se movio un poco de lado, sacó un poco el culo e inclinándose, se puso las manos en su pecho.

El guardia, un hombre alto, negro, de marcada musculatura y con cara de pocos amigos, lo observó de abajo hacia arriba y le soltó a modo de burla. —¡Ja! No eres del tipo del jefe. Estás muy viejo; a él le agradan chicos, más tiernos…

«Hijo de puta, sabes a lo que se dedica» La sonrisa desapareció del rostro de Knifes por un momento, pero recobró la máscara sonriente de inmediato.

—Lárgate ya, rarito, o si no… —le mostró una macana que, por la punta, emitía descargas eléctricas.

—Oh, vas a castigarme con tu “fierro”—continuó Knifes, contoneando la cadera en tono juguetón—. He sido muy malo, papi, pero tu “varita” parece muy corta; la mía es más grande, ¿comparamos?

—¡Que te jodan, marica de mierda! — explotó el guardia, activando la barra de choque.

     Lo que ocurrió a continuación fue un destello de velocidad pura. Knifes esquivó la embestida girando su cuerpo hacia un lado. Aprovechando el impulso ciego del guardia, propinó un fuerte golpe de revés con la mano derecha directo al rostro del hombre, quebrándole parte de la mandíbula. En ese mismo instante, una cuchilla ósea translúcida desgarró la carne desde la parte interna de su brazo. Creciendo a una velocidad terrorífica, el colmillo de calcio se clavó profundamente en la garganta del oficial, quien gemía y se atragantaba con la sangre que le impedía respirar.

Mientras el guardia se desplomaba contra el suelo, ahogándose en su propia sangre, Knifes tiró con fuerza y sacó la letal cuchilla ósea de un solo tajo limpio. Se la mostró al cadáver con una sonrisa cínica.

—Te dije que la mía era más grande.

El primer espectáculo había terminado y los aplausos atronadores amortiguaron todo el ajetreo. Knifes registró el cuerpo en busca de la tarjeta llave de la puerta. El dolor que provocó la cuchilla al lacerar su cuerpo era insoportable, pero matar al infeliz había valido la pena; además, la herida comenzaba a cerrarse como consecuencia de su factor de curación.

Abrió la puerta magnética y comenzó a bajar por los escalones. Se encontró de golpe en una zona no renovada del teatro. El pasillo era estrecho, y las escaleras de metal viejo y angostas dificultaban notablemente su descenso debido a sus botas de tacón alto. El aire aquí estaba viciado, con olor a moho y humedad mezclado con tierra, y la iluminación aún más escasa. Aún eran visibles las vigas de madera que sostenían el estrecho pasillo y los viejos bloques de adobe; conforme bajaba, el ruido de arriba se extinguía, pero aún contaba con tiempo de sobra; el concierto no llevaba mucho de haber comenzado.

Llegó al pie de la escalera. Vacío, era una cámara con un techo bajo, un viejo almacén. El olor a humedad aumentó; también un olor a cloaca; Knifes avanzó sigilosamente pegado a los muros; un ruido sordo llamó su atención, un ruido metálico en la pared lateral. Vio una reja y una carita mugrienta intentando botar con un palo la cerradura eléctrica. Era una niña, no más de 8 años, descalza, desgreñada y vestía harapos. Pese a eso, golpeaba con fiereza la cerradura, sin compasión; apenas de pie y de puntillas alcanzaba el pestillo. La niña se percató de su presencia cuando él estaba ya a unos centímetros de ella. Con una reacción, la niña agitó el palo, como queriendo dañarle.

—Tranquila, fierecilla, ya te saco —le susurró mientras le quitaba el palo. —¿Sabrás de casualidad cuántos hombres hay más adelante? —Un murmullo se intensificó dentro de la celda; otros niños prisioneros se acercaron a ver. Eran al menos catorce niños con edades entre los siete y trece años.

El mayor sujetó a la niña que no articuló palabra alguna, pero gruñía e intentaba morder a Knifes —No te entiende y no habla, solo gruñe. ¿Quién eres?

Knifes abrió con la tarjeta magnética la cerradura. —Nadie, un amigo —contestó secamente—. Salgan, la entrada está libre —señaló el pasillo por donde bajó las escaleras.

—No, esa puerta da al teatro; si los adultos nos ven, no recluirán otra vez; iremos por allá —señaló una sencilla puerta de madera al fondo—. Esa da al alcantarillado; sale a los márgenes de West Rashid, Bahía Vieja, en sí, atraviesa la ciudad y posee varias salidas lejos de aquí; sabemos la ruta. La de la derecha es donde están esos hombres; son cuatro, pero—dudó el joven mirando dicha puerta.

—¿Pero?

 —Tienen a dos chicos con ellos.

—Descuida, espéralos tras la puerta; me encargo de que pronto los alcancen.

—Pero son cuatro y tú solo eres uno; además, están armados. Es injusto.

Kinfes sonrió para sus adentros y le revolvió el pelo— Sí, es bastante injusto— afirmó— pero si son hábiles con sus armas se equilibrarán un tanto las cosas.

Despachó a los chicos abriendo la puerta al alcantarillado con la llave tarjeta y se dirigió a la siguiente habitación

Knifes abrió la puerta lentamente sin hacer ruido.

Dentro, observó que cuatro hombres formaban un semicírculo, hipnotizados por el espectáculo del centro de la habitación. Un par de infantes no mayores de 13 años, subidos en una ridícula tarima a modo de escenario, desnudos, eran grabados con un móvil fijo en un tripie, mientras el cerdo que era su objetivo les indicaba instrucciones “tócate así”, “ahora hazlo con él”.

Ninguno de los guardias miró atrás. A tres metros, el guardia más cercano le daba la espalda; al parecer, grababa con un móvil. En las esquinas opuestas, dos más vigilaban a medias; el de la derecha frotaba su entrepierna por encima de su uniforme. El cuarto “la presa” estaba sentado frente al escenario improvisado y un escritorio, pantalones abajo, masturbándose con la mirada fija en el frente. «Cuatro objetivos», pensó Knifes y fue sacando cuatro cuchillas de su abrigo, cuatro cuchillas entre los dedos. «Debo ser preciso»

El aire siseó dos veces en una fracción de segundo. Los proyectiles cruzaron la sala hacia las esquinas. La primera hoja entró limpia por el ojo del tercer hombre y la segunda se hundió en su corazón; cayó como un saco de plomo. Casi en paralelo, los otros dos cuchillos impactaron en el segundo guardia: uno destrozó su mano y la clavó en su entrepierna y el otro le partió la garganta. Un ahogo sangriento fue lo único que llegó a escuchar el hombre más cercano. El guardia que tenía enfrente reaccionó. Giró sobre sus talones, alzando el arma. «Demasiado tarde», Knifes ya ejecutaba una maroma hacia el frente, barriendo el suelo. Quedó suspendido justo debajo de su línea de fuego. En un estallido vertical, se levantó con el canto de la mano derecha rígido como el acero. Un golpe seco rasgó el aire. Una onda de aire cortante rebanó la garganta del guardia. Al mismo tiempo, la mano izquierda del lanzador se transformó en un ariete que perforó el estómago del hombre.

Un disparo tronó en el rincón. El viejo bastardo había logrado empuñar su pistola. El impacto dio de lleno en el hombro de Knifes. El dolor quemó, pero no detuvo su brazo sano. Una última cuchilla brilló en el aire. El acero atravesó la mano armada del tirador con un crujido de huesos, clavándola de golpe contra el mueble de madera. El arma cayó al suelo. Solo quedó el eco del llanto y la sangre goteando. Los niños, presa de la conmoción, se habían acuclillado sobre la tarima; Knifes aspiró el olor a pólvora, miró a los infantes mientras se quitaba su abrigo y se los lanzaba, tomó el móvil del tripie con el que los grababan y muteó la grabación.

—Fuera de aquí —exclamó— y pase lo que pase, no me han visto.

Los jóvenes cubrieron su desnudez con el amplio abrigo y salieron de la habitación. Knifes tomó el tripie con el móvil aún grabando, situando el foco en su presa y dejando en todo momento su cuerpo o rostro fuera de cámara, volvió a activar el audio, grabando los gimoteos del viejo.

    ¿Quién eres? ¿Quién te manda? —Lloriqueó, intentó sacar la cuchilla de su mano, pero lo dominó el dolor y mejor lo dejó por la paz, arrodillado con los pantalones a medio subir, pegado al mueble por la navaja y la mano sangrante— ¿Acaso no sabes quién soy? Si es por la deuda, pagaré en cuanto mueva este cargamento; no es fácil mover a los niños…

Knifes sonrió; tenía lo que quería. Muteó nuevamente el video y sacó de cuadro al viejo. 



6 de agosto de 2026

Los hijos de ARK 2

 


Ophelia Marín

 

ARK Core Tech "El pulso invisible que sostiene el mañana." Las letras brillaban en destellos neón y se deslizaban por toda la cintilla de paneles Led alargados, mientras el logotipo geométrico y brillante de Core Tech se posicionaba sobre un fondo negro en las pantallas del Maglev. Por una fracción de segundo, las pantallas y las luces del vagón temblaron y vacilaron, pero la energía continuó estable. Ophelia despegó la vista de su lectura cuando una voz anunció que la siguiente estación era Girin, su parada. Guardó su libro y observó al resto de los pasajeros enfrascados en sus celulares o monitores portátiles; no parecían haber notado el bajón de energía; se reían de videos virales o estaban al pendiente de la última novedad del reality del momento. «Es como Val dice», pensó: «las personas están más pendientes de contenido basura que de los apagones». [Ding] El maglev se detuvo y abrió sus puertas. Ophelia salió junto con una ola de ciudadanos enfrascados en sus pantallas.

Respiró profundamente al salir de la estación, ajustó y arregló sus rastas ya que siempre tiraban de ellas accidentalmente en los maglevs, razón por la cual se había sujetado el pelo en una coleta alta. Se encaminó al sur; su destino quedaba a solo media manzana de la estación. Su vestimenta urbana y bohemia no delataba que trabajaba como enfermera en el hospital en la zona media de la ciudad, pero era una de las mejores y una compañera de la zona central solicitó su apoyo para una consulta. Por las mañanas trabajaba en el área de urgencias o medicina interna y en ocasiones atendía casos complejos de forma privada o asesoraba a familias que no entendían el diagnóstico de un paciente.

Llegó 15 min. antes de la cita, así que se registró como asesora en recepción y pidió a la enfermera de recepción que avisara de su llegada a la enfermera Sarah Siddons.

—Típico de ti, “Ophi” —. Interrumpió la voz infantil de su compañera Sarah; salió de un ascensor por sus espaldas. Siempre puntual y eficiente. Sarah era una chica bajita, regordeta y pulcra, con su uniforme en filipina y pantalón color blanco, su cofia bien fija en su cabello corto, pese a su rostro infantil y andar patizambo denotaba la autoridad que le confería su puesto de jefa de enfermeras —Si ya he dicho e insisto, que debo transferirte a este hospital, me vendrías muy bien como ejemplo al resto del personal, pero no hay forma de sacarte “West Rashid”.

—Ya sabes como soy Sarah—. Le sonrío y abrazó—. En el Rashid la paga es decente, hay más necesidad y no me lo tomes a mal, pero me sientan bien los uniformes o el pelo corto— la miró de reojo y ambas soltaron una carcajada. Las lámparas dieron tres o cuatro destellos rápidos —¿Han tenido algún apagón importante Uds.?, en el Rashid estamos implementando los viejos generadores diésel.

—Nada grave hasta ahora—. Comentó Sarah despreocupada—. Uno o dos cortes a la semana, pero los pacientes dependientes de sistemas los hemos transferido al central, ellos cuentan con 3 generadores, uno diésel, uno solar y el de base de ARK core Tech.

Se encaminaron al ascensor mientras Sarah buscaba un informe en su datapad —¡Mira! —. Le entrega su pantalla —. Este es el caso en cuestión, la trajeron hace dos días.

 

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Informe Médico de Admisión y Cuarentena

Paciente: Margarita Mae (Residente temporal del Sector Habitacional)
Lugar de intervención: Apartamento 402, Complejo Residencial Oeste
Fecha/Hora de ingreso: [REDACTADO], 21:42 hrs
Unidad de Respuesta: Equipo Táctico ARK Aegis Dynamics / División ARK Biomed (Cuarentena Nivel 4)

Resumen Clínico Inmediato

El paciente ingresa en estado de catatonia aguda y shock profundo tras un evento de exposición no esclarecida. Presenta episodios convulsivos focales, midriasis con ojos desorbitados, taquipnea severa (respiración acelerada de 42 rpm) y un campo de radiación anómalo de origen desconocido detectado en piel y ropa. No responde a estímulos externos ni recuperó la conciencia durante el apoyo medico inicial, ni el traslado. Hallazgos Físicos y Neurológicos

Sistema Nervioso Central: Estado catatónico absoluto. Reflejos fotomotor ausentes de manera temporal; Mirada fija y desorbitada.

Actividad convulsiva subclínica detectada por monitoreo biomédico de campo.

Signos Vitales: Taquicardia (135 lpm), presión arterial en parámetros de hiperactivación adrenérgica (160/100 mmHg), saturación de oxígeno fluctuante por patrón respiratorio errático.

Radiación y Contaminación: Se detectó una firma energética y radiológica no ionizante de espectro desconocido adherida a la epidermis y vestimenta del paciente. Niveles estables, pero bajo protocolo de aislamiento estricto.

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Después de leer el informe, dos cosas llamaron la atención de Ophelia. ¿Aegis colaboró con la extracción?, ¿Y a qué tipo de radiación se refiere?

—Es por esa razón que te llamé, cariño—. Aseguró Sarah—. El porqué Aegis está implicado lo desconozco; además, bloquearon información del archivo médico. Mira aquí…— le muestra nuevamente la datapad—. Los registros de la paciente han sido borrados; solo nos dan su fecha de nacimiento. No hay nada más: ni familiares ni ocupación, nada. Y a pesar de estar en cuarentena rigurosa, fue trasladada a este hospital. Solo con la indicación de suministrar estos fármacos, observa. —Busco la información nuevamente en el datapad.

—Benzodiacepinas; Propofol; Bloqueadores Beta/Alfa; Dexmedetomidina. ¿Neurobloqueadores y calmantes? Es obvio que no están intentando revertir un trauma médico común; están sobremedicando a Margarita para suprimir su actividad cerebral consciente. Mantenerla viva, pero inconsciente, ¿tienes acceso a ella? Quisiera echarle un vistazo.

—Por supuesto, este es su piso —las puertas del elevador se abrieron y entraron a un corredor casi vacío—. Hay otra cosa: la radiación anómala es lo que realmente me recordó a ti. ¿Recuerdas que hace un tiempo en la residencia hablaste de una radiación anómala en tu ensayo sobre el accidente de la zona cero?

Ophelia se tensó por completo y detuvo su paso a mitad del pasillo. La mención de ese ensayo, enterrado bajo años de censura académica y advertencias veladas de sus profesores, le provocó un escalofrío. Miró a Sarah a los ojos, bajando la voz al mínimo. —Sarah, ese ensayo fue desechado por la junta médica hace 10 años —susurró Ophelia, sintiendo un súbito vacío en el estómago, «además implica a Val», pensó para sí misma. En dicho ensayo Ophelia había encontrado en Val, su pareja actual y paciente en aquel entonces, estas fluctuaciones. Val se encontraba internada en el hospital tras su operación de transición. En exámenes de rutina, Ophelia detectó esta radiación anómala (y lo que vendría después) y, al compararla con los registros, encontró que era idéntica a la registrada en un archivo filtrado de la zona cero.

 —. Me dijeron que mis lecturas espectrales estaban erradas. Que el "Accidente de la Zona Cero" había sido una simple fusión de núcleo térmico y mis estudios médicos estaban fuera de la zona «además me negué a revelar la identidad del paciente a quien realicé las pruebas, por lo que desecharon mi solicitud para profundizar en ellas.» Si las firmas de esta chica coinciden con lo que documenté en mi tesis...—Coinciden casi al cien por ciento, Ophi —la interrumpió Sarah con gravedad, pasándole una tarjeta de acceso magnética—. No es radiación nuclear. Es la misma fluctuación de frecuencia exótica que tú describiste, en tu tesis y esta ocurrió también fuera de la zona cero.

Llegaron frente a la habitación 405. La habitación se veía sumida en una penumbra azulada, rota únicamente por el parpadeo errático de las pantallas médicas. Dentro, conectada a múltiples vías intravenosas que goteaban los neurobloqueadores de ARK a un ritmo constante, yacía Margarita Mae.

Ophelia deslizó la tarjeta por el lector. El cerrojo hidráulico cedió con un siseo neumático y el aire dentro de la habitación golpeó su rostro. No olía a antiséptico ni a hospital. Olía a ozono puro, a tormenta eléctrica inminente, y algo más profundo: una vibración silenciosa en el aire que hizo que las rastas de Ophelia y los vellos de sus brazos comenzaran a erizarse antes de dar el primer paso hacia la cama.

Se acercaron ambas a la paciente y Sarah extrajo un pequeño escáner biomédico portátil analógico, un viejo modelo porque los sistemas digitales de la corporación solían rastrear los datos en tiempo real. Al encenderlo y pasarlo a unos centímetros del pecho de Margarita, la aguja del indicador físico se disparó violentamente hacia la derecha.

Espera, déjame tomar nota — dijo Ophelia—. Las compararé con mi estudio. —Pensé que lo habías destruido—. Comentó Sarah. Ophelia sonrió. Lo borraron de la nube —anotaba frenéticamente los registros— y me obligaron a destruir los archivos digitales, pero ya me conoces, la vieja escuela, la mayor parte la tengo escrita o impresa y nunca dijeron nada de destruir mi material físico.

Para una corporación como ARK, lo que no existía en la red simplemente no existía; jamás se les ocurrió registrar su apartamento en busca de cuadernos manuscritos.

Ophelia sonrió mientras anotaba frenéticamente los registros en una pequeña libreta de papel gastado. Sus trazos eran rápidos, imitando los saltos de la aguja analógica del escáner de Sarah. —Las líneas de frecuencia son idénticas... —murmuró Ophelia, comparando mentalmente los números con los que tenía memorizados de los análisis de Val—. No han cambiado en diez años. Es el mismo patrón de oscilación exótica. Necesito copia impresa de su archivo.

***

—Manténme al tanto si registra algún cambio —. Se despedía de Sarah al salir del ascensor en la plata baja del hospital. —Revisare mi archivo, ya que el paciente original nunca presento los síntomas de Mae—. Sarah le dedicó una tierna sonrisa antes de cerrarse las puertas — Ten mucho cuidado con esos datos cariño, me juego mi puesto al darte entrada a ellos, pero recuerdo como te obsesiono ese ensayo, ¡ah! —exclamó mientras se asomaba cuando se cerraban las puertas —. y a ver si así logró convencerte de trabajar aquí—. Las puertas se cerraron y Ophelia sonrió y miro al suelo mientras giraba rumbo a la puerta, al salir del hospital se sumergió en la marea de transeúntes.

Caminó de vuelta hacia el sur, esquivando de manera automática a los peatones que avanzaban como zombis con la mirada fija en sus monitores portátiles. En las pantallas publicitarias del distrito, el logotipo geométrico de ARK Core Tech parpadeaba bajo el mismo eslogan de siempre: "El pulso invisible que sostiene el mañana". Ahora, esas palabras escritas en neón le parecían una amenaza directa. Aceleró el paso hacia la estación del Maglev. Su mente trabajaba a mil revoluciones por minuto conectando los cabos sueltos. Necesitaba volver a casa, hablar con Val.