Ophelia Marín
ARK
Core Tech "El pulso invisible que sostiene el mañana." Las
letras brillaban en destellos neón y se deslizaban por toda la cintilla de
paneles Led alargados, mientras el logotipo geométrico y brillante de Core
Tech se posicionaba sobre un fondo negro en las pantallas del Maglev. Por
una fracción de segundo, las pantallas y las luces del vagón temblaron y
vacilaron, pero la energía continuó estable. Ophelia despegó la vista de su
lectura cuando una voz anunció que la siguiente estación era Girin, su parada.
Guardó su libro y observó al resto de los pasajeros enfrascados en sus
celulares o monitores portátiles; no parecían haber notado el bajón de energía;
se reían de videos virales o estaban al pendiente de la última novedad del
reality del momento. «Es como Val dice», pensó: «las personas están más
pendientes de contenido basura que de los apagones». [Ding] El maglev se detuvo
y abrió sus puertas. Ophelia salió junto con una ola de ciudadanos enfrascados
en sus pantallas.
Respiró profundamente al salir de la
estación, ajustó y arregló sus rastas ya que siempre tiraban de ellas
accidentalmente en los maglevs, razón por la cual se había sujetado el pelo en
una coleta alta. Se encaminó al sur; su destino quedaba a solo media manzana de
la estación. Su vestimenta urbana y bohemia no delataba que trabajaba como
enfermera en el hospital en la zona media de la ciudad, pero era una de las
mejores y una compañera de la zona central solicitó su apoyo para una consulta.
Por las mañanas trabajaba en el área de urgencias o medicina interna y en
ocasiones atendía casos complejos de forma privada o asesoraba a familias que
no entendían el diagnóstico de un paciente.
Llegó 15 min. antes de la cita, así que se
registró como asesora en recepción y pidió a la enfermera de recepción que
avisara de su llegada a la enfermera Sarah Siddons.
—Típico de ti, “Ophi” —. Interrumpió la
voz infantil de su compañera Sarah; salió de un ascensor por sus espaldas.
Siempre puntual y eficiente. Sarah era una chica bajita, regordeta y pulcra,
con su uniforme en filipina y pantalón color blanco, su cofia bien fija en su
cabello corto, pese a su rostro infantil y andar patizambo denotaba la
autoridad que le confería su puesto de jefa de enfermeras —Si ya he dicho e
insisto, que debo transferirte a este hospital, me vendrías muy bien como
ejemplo al resto del personal, pero no hay forma de sacarte “West Rashid”.
—Ya sabes como soy Sarah—. Le sonrío y
abrazó—. En el Rashid la paga es decente, hay más necesidad y no me lo tomes a
mal, pero me sientan bien los uniformes o el pelo corto— la miró de reojo y
ambas soltaron una carcajada. Las lámparas dieron tres o cuatro destellos
rápidos —¿Han tenido algún apagón importante Uds.?, en el Rashid estamos
implementando los viejos generadores diésel.
—Nada grave hasta ahora—. Comentó Sarah
despreocupada—. Uno o dos cortes a la semana, pero los pacientes dependientes
de sistemas los hemos transferido al central, ellos cuentan con 3 generadores,
uno diésel, uno solar y el de base de ARK core Tech.
Se encaminaron al ascensor mientras Sarah
buscaba un informe en su datapad —¡Mira! —. Le entrega su pantalla —. Este es
el caso en cuestión, la trajeron hace dos días.
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Informe Médico de Admisión y
Cuarentena
Paciente: Margarita Mae (Residente
temporal del Sector Habitacional)
Lugar de intervención: Apartamento 402, Complejo Residencial Oeste
Fecha/Hora de ingreso: [REDACTADO], 21:42 hrs
Unidad de Respuesta: Equipo Táctico ARK Aegis Dynamics / División ARK
Biomed (Cuarentena Nivel 4)
Resumen Clínico Inmediato
El paciente ingresa en estado de
catatonia aguda y shock profundo tras un evento de exposición no esclarecida. Presenta
episodios convulsivos focales, midriasis con ojos desorbitados, taquipnea
severa (respiración acelerada de 42 rpm) y un campo de radiación anómalo de
origen desconocido detectado en piel y ropa. No responde a estímulos externos
ni recuperó la conciencia durante el apoyo medico inicial, ni el traslado. Hallazgos
Físicos y Neurológicos
Sistema Nervioso Central: Estado catatónico absoluto.
Reflejos fotomotor ausentes de manera temporal; Mirada fija y desorbitada.
Actividad convulsiva subclínica
detectada por monitoreo biomédico de campo.
Signos Vitales: Taquicardia (135 lpm), presión
arterial en parámetros de hiperactivación adrenérgica (160/100 mmHg),
saturación de oxígeno fluctuante por patrón respiratorio errático.
Radiación y Contaminación: Se detectó una firma energética
y radiológica no ionizante de espectro desconocido adherida a la epidermis y
vestimenta del paciente. Niveles estables, pero bajo protocolo de aislamiento
estricto.
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Después de leer el informe, dos cosas
llamaron la atención de Ophelia. ¿Aegis colaboró con la extracción?, ¿Y a qué
tipo de radiación se refiere?
—Es por esa razón que te llamé, cariño—. Aseguró
Sarah—. El porqué Aegis está implicado lo desconozco; además, bloquearon
información del archivo médico. Mira aquí…— le muestra nuevamente la datapad—. Los
registros de la paciente han sido borrados; solo nos dan su fecha de
nacimiento. No hay nada más: ni familiares ni ocupación, nada. Y a pesar de
estar en cuarentena rigurosa, fue trasladada a este hospital. Solo con la
indicación de suministrar estos fármacos, observa. —Busco la información nuevamente
en el datapad.
—Benzodiacepinas; Propofol; Bloqueadores
Beta/Alfa; Dexmedetomidina. ¿Neurobloqueadores y calmantes? Es obvio que no
están intentando revertir un trauma médico común; están sobremedicando a
Margarita para suprimir su actividad cerebral consciente. Mantenerla viva, pero
inconsciente, ¿tienes acceso a ella? Quisiera echarle un vistazo.
—Por supuesto, este es su piso —las
puertas del elevador se abrieron y entraron a un corredor casi vacío—. Hay otra
cosa: la radiación anómala es lo que realmente me recordó a ti. ¿Recuerdas que
hace un tiempo en la residencia hablaste de una radiación anómala en tu ensayo
sobre el accidente de la zona cero?
Ophelia se tensó por completo y detuvo su
paso a mitad del pasillo. La mención de ese ensayo, enterrado bajo años de
censura académica y advertencias veladas de sus profesores, le provocó un
escalofrío. Miró a Sarah a los ojos, bajando la voz al mínimo. —Sarah, ese
ensayo fue desechado por la junta médica hace 10 años —susurró Ophelia,
sintiendo un súbito vacío en el estómago, «además implica a Val», pensó para sí
misma. En dicho ensayo Ophelia había encontrado en Val, su pareja actual y
paciente en aquel entonces, estas fluctuaciones. Val se encontraba internada en
el hospital tras su operación de transición. En exámenes de rutina, Ophelia
detectó esta radiación anómala (y lo que vendría después) y, al compararla con
los registros, encontró que era idéntica a la registrada en un archivo filtrado
de la zona cero.
—. Me
dijeron que mis lecturas espectrales estaban erradas. Que el "Accidente de
la Zona Cero" había sido una simple fusión de núcleo térmico y mis
estudios médicos estaban fuera de la zona «además me negué a revelar la
identidad del paciente a quien realicé las pruebas, por lo que desecharon mi
solicitud para profundizar en ellas.» Si las firmas de esta chica coinciden con
lo que documenté en mi tesis...—Coinciden casi al cien por ciento, Ophi —la
interrumpió Sarah con gravedad, pasándole una tarjeta de acceso magnética—. No
es radiación nuclear. Es la misma fluctuación de frecuencia exótica que tú
describiste, en tu tesis y esta ocurrió también fuera de la zona cero.
Llegaron frente a la habitación 405. La
habitación se veía sumida en una penumbra azulada, rota únicamente por el
parpadeo errático de las pantallas médicas. Dentro, conectada a múltiples vías
intravenosas que goteaban los neurobloqueadores de ARK a un ritmo constante,
yacía Margarita Mae.
Ophelia deslizó la tarjeta por el lector.
El cerrojo hidráulico cedió con un siseo neumático y el aire dentro de la
habitación golpeó su rostro. No olía a antiséptico ni a hospital. Olía a ozono
puro, a tormenta eléctrica inminente, y algo más profundo: una vibración
silenciosa en el aire que hizo que las rastas de Ophelia y los vellos de sus
brazos comenzaran a erizarse antes de dar el primer paso hacia la cama.
Se acercaron ambas a la paciente y Sarah extrajo
un pequeño escáner biomédico portátil analógico, un viejo modelo porque los
sistemas digitales de la corporación solían rastrear los datos en tiempo real.
Al encenderlo y pasarlo a unos centímetros del pecho de Margarita, la aguja del
indicador físico se disparó violentamente hacia la derecha.
Espera, déjame tomar nota — dijo Ophelia—.
Las compararé con mi estudio. —Pensé que lo habías destruido—. Comentó Sarah.
Ophelia sonrió. Lo borraron de la nube —anotaba frenéticamente los registros— y
me obligaron a destruir los archivos digitales, pero ya me conoces, la vieja
escuela, la mayor parte la tengo escrita o impresa y nunca dijeron nada de
destruir mi material físico.
Para una corporación como ARK, lo que no
existía en la red simplemente no existía; jamás se les ocurrió registrar su
apartamento en busca de cuadernos manuscritos.
Ophelia sonrió mientras anotaba
frenéticamente los registros en una pequeña libreta de papel gastado. Sus
trazos eran rápidos, imitando los saltos de la aguja analógica del escáner de Sarah.
—Las líneas de frecuencia son idénticas... —murmuró Ophelia, comparando
mentalmente los números con los que tenía memorizados de los análisis de Val—.
No han cambiado en diez años. Es el mismo patrón de oscilación exótica. Necesito
copia impresa de su archivo.
***
—Manténme al tanto si registra algún
cambio —. Se despedía de Sarah al salir del ascensor en la plata baja del
hospital. —Revisare mi archivo, ya que el paciente original nunca presento los síntomas
de Mae—. Sarah le dedicó una tierna sonrisa antes de cerrarse las puertas — Ten
mucho cuidado con esos datos cariño, me juego mi puesto al darte entrada a
ellos, pero recuerdo como te obsesiono ese ensayo, ¡ah! —exclamó
mientras se asomaba cuando se cerraban las puertas —. y a ver si así logró
convencerte de trabajar aquí—. Las puertas se cerraron y Ophelia sonrió y miro
al suelo mientras giraba rumbo a la puerta, al salir del hospital se sumergió
en la marea de transeúntes.
Caminó de vuelta hacia el sur, esquivando
de manera automática a los peatones que avanzaban como zombis con la mirada
fija en sus monitores portátiles. En las pantallas publicitarias del distrito,
el logotipo geométrico de ARK Core Tech parpadeaba bajo el mismo eslogan de
siempre: "El pulso invisible que sostiene el mañana". Ahora, esas
palabras escritas en neón le parecían una amenaza directa. Aceleró el paso
hacia la estación del Maglev. Su mente trabajaba a mil revoluciones por minuto
conectando los cabos sueltos. Necesitaba volver a casa, hablar con
Val.


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